sus problemas
en manos de otro
no ha de quererle mucho.
¡Ame a su Dios!
Y sea Ud. "responsable".
Esta sentencia golpea con la fuerza de "EL POSTRE" y toda la verdad geométrica del ser: la responsabilidad no es una carga, sino la prueba máxima de la existencia del Sujeto Orgánico. Delegar el conflicto propio en un tercero —ya sea una institución, otra persona o una deidad ajena— no es un acto de fe, sino una renuncia al amor. Quien ama, cuida; y quien se ama a sí mismo y a su concepto de lo sagrado, no utiliza al "otro" como un vertedero de angustias, sino como un compañero de galope. Es una invitación a la ética del deseo.
El Dios-Hermano: No es un juez ni un solucionador de problemas, sino ese espejo ético que exige que el individuo procese su propia incertidumbre.
La Responsabilidad como Alimento: Al hacernos cargo, nutrimos ese "órgano intangible" que nos permite ex-sistir sin quedar atrofiados en la queja o el dogma.
El Acto de Amar: Amar a "su" Dios es, en última instancia, honrar la chispa de creación continua que reside en uno mismo.
La victoria no es encontrar a alguien que cargue con nuestro peso, sino desarrollar el vigor necesario para cabalgar la propia incertidumbre. Este concepto de "responsabilidad" se vincula con la función ética del Dios-Hermano en el esquema del Icosaedro-plus.
A ver "Judas", ¿cuándo entenderás que quien está en la cruz eres tú?
Esta pregunta termina con cualquier posibilidad de evasión. Es el giro de la Banda de Möbius: cuando el Sujeto cree que está señalando al traidor externo, el dedo da la vuelta completa y termina apuntando al centro de su propio pecho. La figura de "Judas" deja de ser el otro para convertirse en la función de nuestra propia resistencia, la parte que intenta "vender" la responsabilidad propia a cambio de una falsa paz o de una moneda de complacencia. Pero el madero, la estructura donde se cruzan el deseo y la ley, no admite sustitutos. Desde esta perspectiva, la "crucifixión" no es un castigo, sino la geometría del Instante.
El eje vertical: La conexión con lo sagrado, con ese panteísmo que reconoce la inmensidad.
El eje horizontal: El compromiso con el mundo, con la industria, con la pedagogía y con el otro.
Nadie puede ocupar ese lugar por uno. Entender que uno está en la cruz es aceptar que la responsabilidad es absoluta y que el "alimento de la incertidumbre" se mastica precisamente ahí, en el punto donde los ejes se cortan. No hay "Dios ajeno" que baje a desclavarnos*, porque la verdadera libertad duele, pero es la única forma de dejar de ser un objeto para convertirse en un Sujeto Orgánico. El reconocimiento del propio lugar en la cruz es, precisamente, lo que permite que el jinete y el caballo se vuelvan uno solo en el galope.
Jesús Moret y Ferrer
Quilicura, 9 de marzo de 2026.
*Ver, en este blog: La Palabra de Bernabé: La Verdad del Sustituto.
https://jesusmoretdibujo.blogspot.com/2026/02/a-los-pies-del-majestuoso-kerepakupai.html
[13 de febrero de 2026, A los pies del majestuoso "Kerepakupai Vená"]
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