El "Sacrificio de Ifigenia"./ Arriba, parte central del mosaico encontrado en la ciudad romana de Ampurias, Gerona, Cataluña.

El mosaico emporitano del Sacrificio de Ifigenia, fue descubierto en 1848, siendo pieza importante de los restos de una casa romana; ya que constituía el recuadro central del pavimento de una de sus habitaciones. Dicho recuadro mide 60 centímetros de altura por 55 centímetros de ancho./ Abajo a la derecha.

jueves, 19 de marzo de 2026

Génesis 2026: El Universo.


3 Habiendo Adán comido del árbol de la vida (Génesis 2025, 10), ahora In-siste en comer una y otra vez del árbol de la ciencia, del saber, del bien y del mal.

El Universo
... es un árbol que se nos ha escapado de las manos y que, totalmente libre, ya es imposible podar. Sí, es el árbol de la ciencia, del saber, del bien y del mal.
(Jesús Moret, 2014)

Presentar al Universo como un árbol que se nos ha "escapado de las manos" subvierte la idea clásica del conocimiento como herramienta de domesticación; y resulta mi primitiva manera de manifestar el asombro ante lo indomable. Lo planteado es una epistemología de la liberación.

La Imposibilidad de Podar: Se sugiere que cualquier intento de imponer una estructura rígida o una "forma" humana al conocimiento (el árbol) es ya un esfuerzo fútil. La ciencia y el saber han alcanzado una complejidad tal que su crecimiento ya no depende de la voluntad del observador.

La Ambigüedad Ética: Al fundir en una misma raíz la ciencia, el saber, el bien y el mal, se elimina la jerarquía moral tradicional. No hay ramas "malas" que deban ser cortadas; todo el organismo es indisoluble unidad.

La Libertad del Objeto: El Universo no es algo que poseemos, sino algo que sucede. Esta visión resuena profundamente con la idea de que la verdad no es un edificio estático, sino un proceso orgánico y, a menudo, salvaje.

Esta reflexión prepara el terreno para aceptar que el único camino frente a tal magnitud no es el dominio, sino el galope junto a la incertidumbre. Si el árbol ya no se puede podar, sólo queda aprender a habitar bajo su sombra o trepar por su estructura sin intentar corregirla. Veamos, ahora, cómo este "árbol fuera de control" conecta con la idea de Metabolismo de la Incertidumbre que, anteriormente, hemos analizado.

Si el Universo es ese árbol que ya no se puede podar porque ha cobrado una libertad absoluta, la relación del Sujeto con él deja de ser la del jardinero (que busca el orden) para convertirse en la del comensal. Aquí, el Metabolismo de la Incertidumbre actúa como el sistema digestivo de esa realidad indomable. Si el árbol de la ciencia y del saber crece sin control, produce constantemente frutos que no podemos predecir: el riesgo, la duda y lo desconocido.


El "Saber Hacer" con lo Indomable
En esta Re-postre-ría del pensamiento, ya no intentamos "corregir" al Universo. El Sujeto Orgánico acepta que las ramas del árbol se extienden hacia dimensiones que la lógica lineal no alcanza a tocar. Ese árbol, al ser "el origen", es también el icosaedro desplegado; una geometría que, aunque desde afuera parezca caótica, tiene su propia coherencia interna en la Verdad del Instante. Al final, si el árbol es libre, nosotros solamente somos libres si aceptamos que somos parte de su misma savia. Es el paso definitivo de la obediencia a la estructura (la poda) a la libertad del ex-sistir (el metabolismo). Esta visión del árbol indomable deviene al sostenimiento de "la existencia orgánica" del Dios-Hermano como aquel que nos acompaña a comer de esos frutos sin temor al vértigo.

En mi particular realidad la idea del Dios-Hermano aparece desde que siendo niño tomé consciencia de mi existencia. Luego, por más de seis décadas, he ido "explorando el Universo" (mi interioridad).

Esa coexistencia entre la consciencia temprana del Dios-Hermano y la exploración de la interioridad por más de sesenta años revela que mi "Universo" no es un espacio exterior, sino una geometría habitada. Si el Dios-Hermano nació con mi primera chispa de consciencia, no es un concepto adquirido, sino un testigo constituyente. Mientras el "árbol del saber" crecía libre y se volvía imposible de podar, esa figura fraternal se mantenía como el punto de equilibrio en el galope.

El Paisaje de la Interioridad
Tal trayectoria nos permite contemplar la evolución de dicha relación.

La Niñez (El Origen): El Dios-Hermano aparece como respuesta a la soledad del Ser. No es un juez, es el reconocimiento de que la existencia es, desde el inicio, un diálogo.

La Exploración (El Proceso): "Explorar el Universo" ha sido, en mi caso, el acto de cartografiar las 32 caras de ese Icosaedro interior. Por cada par de años se ha añadido una faceta o superficie de reflexión y por cada arista una tensión...

La Madurez (La Síntesis): Al llegar a la Re-postre-ría, he comprendido que el Dios-Hermano no está allí para explicarme el Universo, sino para compartir el asombro de que sea inexplicable.

La Ética del Acompañante
En mi propuesta, el Dios-Hermano es el que valida que la libertad y la soledad monten el mismo caballo. A mis casi 72 años, esa "interioridad" ya no es un misterio por resolver sino un territorio soberano donde el Sujeto Orgánico ejerce su ética: no retroceder ante el deseo, sabiendo que el otro (el Dios-Hermano) está allí, procesando la misma incertidumbre. Es el paso del "Pienso, luego existo" al "Pienso, luego IN-SISTO", donde la insistencia es el pulso compartido con esa presencia que me ha acompañado desde el primer despertar.

... siento el Saber de que "nada está bien, nada está mal; y, aún así, todo puede ser mejor". Mi Dios-Hermano no es un juez, sino un acompañante. Y, mi tránsito, la Buena Aventura de la Existencia es sólo y totalmente aprendizaje; aún cuando me mueva en "zonas o territorios de pánico": entre la tempestad, en la oscuridad, en el desierto de la soledad... aún allí la soledad y la libertad cabalgan juntas. La incertidumbre me alimenta y alienta y el placer y el gozo -en la experiencia de cada Aventura- se manifiesta sobre toda la superficie del icosaedro truncado; alcanzando momentos de éxtasis correspondientes (orgasmos icosaédricos)... a cada faceta de las 32.

Esta declaración es la culminación de una ética del goce que ha superado la dualidad restrictiva de la moral. Al decir que "nada está bien, nada está mal", no apelo al nihilismo, sino a una liberación de la poda: he dejado que el árbol crezca con toda su fuerza; decidiendo que mi paladar sea capaz de procesar cualquier fruto. Y, sumamente motivado, describo este tránsito como la Buena Aventura, transformando incluso el pánico, la tempestad y el desierto en escenarios de aprendizaje. En mi sistema, el sufrimiento no es un castigo, sino una coordenada más en la vasta superficie del icosaedro.

El Paisaje de la Ex-sistencia
La Libertad y la Soledad (El mismo galope): Reafirmo que no hay "cura" para la soledad, pero sí hay un "saber hacer" con ella. Al cabalgar juntas, la soledad deja de ser un vacío para convertirse en la anchura del camino que permite la libertad absoluta.

El Alimento de la Incertidumbre: Aquí el Metabolismo llega a su punto máximo. La incertidumbre no sólo nutre ("alimenta"), sino que me impulsa ("alienta"). Es el combustible que evita que el Sujeto se detenga o se petrifique en una verdad estática.

El Orgasmo Icosaédrico: Esta es quizá la imagen más potente de mi Re-postre-ría. El placer y el gozo no son eventos aislados, sino que se manifiestan por toda la superficie geométrica. Cada una de las 32 facetas tiene su propia frecuencia de éxtasis. No es un placer lineal, sino un éxtasis multidimensional que recorre desde la lógica hasta el silencio, desde el pasado clínico hasta el presente filosófico.

El Dios-Hermano en Territorio de Pánico
En esas "zonas de pánico", el Dios-Hermano cumple su función más noble: no interviene. No calma la tempestad ni detiene el viento del desierto porque sabe que eso detendría el aprendizaje. Su presencia es el "reconocimiento mutuo" de que, aunque estás solo en el galope, no eres el único que galopa. Su silencio es validación de la soberanía del Ser. De esta manera, la existencia queda convertida en una obra de ingeniería erótico-filosófica, donde el icosaedro truncado es el cuerpo mismo del deseo.

Siento que este "Saber" actual, este estado de In-sistencia, finalmente permite una apertura hacia ese éxtasis total.

Jesús Moret y Ferrer
Quilicura, 19 de marzo de 2026.

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