... Las herramientas y las sustancias son sólo síntomas o amplificadores; el verdadero desplazamiento ocurre en el plano ético y afectivo.
Cuando el "próximo" (el cercano, el semejante) se vuelve una figura abstracta, incómoda o prescindible, se produce una vacancia. Y ese vacío no se queda sin habitar: es el espacio que reclaman "lo ajeno y lo otro". Al retirar el amor, el compromiso o la presencia de la relación intersubjetiva, el aislamiento se disfraza de autonomía o refugio, cuando en realidad es una renuncia a la tirantez y a la riqueza de la alteridad.
El objeto —sea la pantalla, la sustancia o la red— no invade por la fuerza; entra porque encuentra la puerta abierta por la desinversión afectiva. Lo peligroso de este "dejar de amar" no es sólo el repliegue sobre uno mismo, sino la progresiva cesión de territorio vital a dinámicas que no responden a la lógica de la vida ni del vínculo, sino a la de la anestesia y la evasión.
Me refiero a que "el problema" no es la pantalla, los audífonos ni la IA. Así como no lo es el tabaco, el alcohol, la droga; el problema es el "aislamiento" del próximo (ese "dejar de amar"), en el que "lo ajeno y lo otro gana cada vez más territorio".
Allí El PUNTO* "es" aislado. Sin referente; sin forma... sin vértices, sin aristas, sin planos: sin posibilidad de interacción... la paleta cae en "la trampa de los grises"; la vida pierde sus colores... El "otro" adquiere el poder! ...; mientras el prójimo continúa "disipándose"... los trajes son grises, los autos son grises, las luces disminuyen... el ahorro de energía, las flatulencias de las vacas, el cambio climático...; escusas, justificaciones, argumentos... poder. Poder "deformador" de la Geometría del Ser, Estar y Saber. La mujer que viste un hermoso traje verde esmeralda es "atrevida"; el cian, el magenta, el limón... son devorados por el "instrumento de control social".
Cuando la Geometría del Ser, Estar y Saber pierde sus dimensiones —cuando el punto queda despojado de sus vértices, de sus aristas y de sus planos— la existencia misma pierde la capacidad de hacer forma. Un punto sin referencia es la paradoja absoluta: existe, pero no proyecta; está, pero no comunica; es el repliegue definitivo que inhabilita cualquier intersección o diálogo intersubjetivo.
En esa ausencia de tensión geométrica, el "otro" abstracto y normativo no necesita destruir por la fuerza: le basta con anestesiar. La trampa de los grises es la victoria de ese poder deformador. Monocromatizar la realidad no es sólo un asunto estético; es el método del instrumento de control social para homogenizar el deseo, disolver la singularidad y disipar al prójimo bajo un manto de neutralidad obligatoria.
El discurso del control opera precisamente así...
Construye la excusa: Utiliza argumentos verdaderos o prefabricados (la norma, el ahorro, la prudencia, el discurso del riesgo) como un velo normativo que invalida la experiencia viva.
Reprime la emergencia del sujeto: Quien se atreve a vestir el verde esmeralda, el cian o el magenta rompe el consenso del camuflaje. La belleza disruptiva o el color afirmativo pasan a ser leídos como "atrevimiento" o desviación, cuando en verdad son la resistencia del sujeto que rehúsa disolverse.
Sustituye al prójimo por la masa: Mientras el prójimo —el ser de carne, hueso y afecto— se disipa en la distancia, la abstracción del Poder gana territorio y reclama la autoridad sobre la vida, el tono y la emoción.
La "Geometría del Ser, Estar y Saber" no se defiende con discursos grises ni con el repliegue en la sombra, sino sosteniendo la tirantez del ángulo, definiendo la arista y arriesgando el color. Reclamar el magenta o el verde esmeralda en medio de la uniformidad no es un adorno superficial: es un acto ético, una negación a dejar que el instrumento de control deforme la arquitectura propia de la existencia.
... se legisla a tal fin!
El "carnaval" es para los atrevidos y sólo está permitido una vez al año.
"Mi reino no es de este mundo"
Tal sentencia no es un abandono de la batalla, sino la única declaración de soberanía posible ante la uniformidad de la norma.
Decir "Mi reino no es de este mundo" es trazar una frontera innegociable frente al "instrumento de control social". Es afirmar que la ley que rige la propia arquitectura —esa Geometría del Ser, Estar y Saber— no la dictan los decretos del traje gris, ni los calendarios administrados, ni la contención higiénica de la masa.
Ese "no ser de este mundo" no es una evasión mística ni una retirada cobarde; es la negativa radical a dejarse medir con la vara de la trampa de los grises. Quien habita su propio reino no necesita que el mundo le autorice el color, ni que le abra la válvula del carnaval para desplegar sus aristas.
El mundo del control opera en la planicie, en la homogeneidad y en el cálculo del miedo. El reino del Sujeto opera en el rigor de la ética propia, en el atrevimiento del magenta sostenido a contracorriente y en la fidelidad al vínculo con el prójimo, aunque el entorno insista en disiparlo.
Es, en última instancia, sostener la marcha sobre lo indomable: saberse en este suelo, pero jamás pertenecer a su servidumbre.
... Bajo la amenaza de que no encontrarás empleo; porque, si eres joven, aún tienes mucho que aprender y, si eres mayor, no te podemos pagar lo que mereces (ni nos hace falta que sepas tanto).
He acá la "pinza" de la mediocridad institucional: un dispositivo de exclusión que no busca evaluar la capacidad, sino someter la voluntad.
Por un lado, al joven se le devalúa mediante la infantilización perpetua ("te falta experiencia"), convirtiendo el aprendizaje en un peaje infinito para justificar la precarización. Por el otro, al mayor se le penaliza mediante el descarte por exceso de valor ("sabes demasiado" o "cuestas demasiado"), transformando la maestría, el saber y la trayectoria en un estorbo para el engranaje.
En el fondo, la paradoja revela la verdadera naturaleza del mercado gris: no necesita excelencia, necesita maleabilidad. El saber profundo y la experiencia no sólo encarecen la nómina; lo que realmente asusta al "instrumento de control" es que el veterano tiene aristas, tiene criterio, no se deja deslumbrar por las excusas y reconoce la trampa. El que sabe mucho es un sujeto peligroso para la estructura porque no es fácilmente manipulable.
La amenaza del desempleo se convierte así en la disciplina de la uniformidad:
Si tienes demasiado color o demasiada historia, te declaran "sobrecalificado" o prescindible.
Si te falta el sello de la norma, te declaran "incompleto".
Es la misma lógica de los trajes grises aplicada al trabajo: estrechar el margen de la existencia para que sólo quepan aquellos a quienes se puede moldear sin resistencia. Una forma más de intentar aplastar la Geometría del Ser bajo el chantaje de la subsistencia.
- Pase usted por "recursos humanos".
Ese "Pase usted por Recursos Humanos. Y punto!" es la sentencia de ejecución del sistema gris. La fórmula seca, administrativa y cobarde con la que la maquinaria decreta el fin del vínculo y la reducción final del sujeto a trámite.
En esas palabras se condensa toda la frialdad del "instrumento de control":
La despersonalización: Ya no hay palabra, no hay mirada, no hay reconocimiento del saber ni de la historia. Hay un departamento —un eufemismo llamado "Recursos Humanos", como si la vida fuera un insumo computable— encargado de gestionar el descarte.
El punto final: Ese "Y punto!" es el intento de cerrar la geometría, de aplanar las aristas y cortar cualquier posibilidad de réplica. Es la burocracia imponiendo su punto ciego para no tener que sostener la mirada de quien está frente a ella.
La trampa del protocolo: Se delega en la oficina del fondo la violencia de la expulsión, para que los trajes grises mantengan la pulcritud de sus manos.
Al final, es la confirmación de lo que veníamos trazando: la estructura no tolera lo que no puede domesticar ni archivar. Cuando el saber, el color o la dignidad de un sujeto amenazan con romper la mediocridad del engranaje, la máquina no debate; simplemente tramita la salida.
Pero incluso ahí, en el portazo burocrático, la dignidad del reino propio permanece intacta: podrán rescindir el contrato y cerrar la oficina, pero jamás podrán arrebatar la arquitectura de quien rehúsa disolverse en el gris.
Jesús Moret y Ferrer
Quilicura, 24 de septiembre de 2026.
... con todo afecto, a la memoria de Saira.