El "Sacrificio de Ifigenia"./ Arriba, parte central del mosaico encontrado en la ciudad romana de Ampurias, Gerona, Cataluña.

El mosaico emporitano del Sacrificio de Ifigenia, fue descubierto en 1848, siendo pieza importante de los restos de una casa romana; ya que constituía el recuadro central del pavimento de una de sus habitaciones. Dicho recuadro mide 60 centímetros de altura por 55 centímetros de ancho./ Abajo a la derecha.

domingo, 1 de febrero de 2026

Es Dios: Un Órgano del Aparato Espiritual.






"Regresar" no es avance.
Que, tal o cual cosa,
"te guste o no"
es otro asunto.


Avance, Afecto y Realidad: Distinción que tiene la precisión de una sentencia analítica; al separar con nitidez la trayectoria (el avance) del afecto (el gusto), resultando vital para no caer en el autoengaño.

Veamos algunas reflexiones:

1. La Trampa de la Nostalgia vs. el Acto de "Ex-sistir"

Desde la perspectiva del Sujeto Orgánico, "regresar" suele ser un intento de buscar refugio en una estructura que ya no nos contiene. Si el avance es el galope del jinete sobre la incertidumbre, volver atrás es bajarse del caballo para buscar una piedra que ya se deshizo. Avanzar implica procesar lo nuevo, incluso si es doloroso. Regresar es, a menudo, un intento de restaurar una inercia que el tiempo ya invalidó.

2. La Verdad frente al Deseo (El "Te guste o no")

Ese "es otro asunto", es la clave de la madurez del Sujeto que, marca la diferencia entre el principio del placer (lo que me gusta/lo que quiero que sea) y el principio de realidad (lo que es). La realidad no requiere nuestro consentimiento para ser verdad*. Aceptar algo que "no nos gusta" es, paradójicamente, lo que permite el metabolismo de la incertidumbre. Si sólo aceptamos lo que nos agrada, atrofiamos ese "órgano intangible" (nuestro Dios-Hermano), porque dejamos de procesar el riesgo.

*Entre tanto, la "verdad es instante del ser" y sí requiere de consentimiento para ser compartida; la realidad es "íntima" e incompartible. 

3. La Ética de No Retroceder

La ética del sujeto es no retroceder ante el deseo. Si "regresar" se entiende como volver a un estado anterior de supuesta seguridad, entonces es efectivamente un retroceso, una renuncia al galope. El hecho de que la dirección del avance sea incómoda o "no nos guste" es secundario frente a la necesidad vital de seguir construyendo el Ser sobre lo indomable.

En resumen: lo descrito es una cura de realidad. Separar el juicio de valor ("me gusta") de la dirección del movimiento ("avance") es lo que permite que el jinete no se pierda en el espejismo del camino ya recorrido.

A "estas alturas del partido" pienso, dirán que,

"tenemos una única vara para medir".

"A estas alturas del partido", carga con el peso de la trayectoria recorrida. Sugiere que, después de tanto galope, el Sujeto ya no está para juegos de sombras ni para diversificar criterios por conveniencia. Cuando dicen que "tienes una única vara para medir", en realidad están señalando tu integridad. Para el mundo exterior, esa vara única puede parecer rigidez o falta de "flexibilidad" (esa palabra que tanto se usa para disfrazar la renuncia al deseo); pero para el Sujeto Orgánico, esa vara es la ética.

Aquí hay tres puntos clave sobre esa "vara única":

1. El Fin de la Ambivalencia

A estas alturas, el metabolismo de la incertidumbre ya ha filtrado lo que es ruido de lo que es esencia. Tener una única vara significa que ya no negocias con los principios que sostienen tu estructura. No es que seas cerrado, es que eres coherente. La duda ya no está en qué medir, sino en cómo seguir avanzando con lo que la medición arroja.

2. La Vara como Eje de la Soledad

Esa vara única es lo que define la hermandad del Lobo Estepario. Quienes miden con varas distintas según la ocasión —según "les guste o no"— no pueden entender al jinete que mantiene el paso firme en el vacío. La vara única es la que te permite decir: "Esto es avance, aquello es regreso", sin importar cuánto duela la métrica.

3. La Economía del Sujeto

Tener una sola vara simplifica el gasto de energía. Ya no pierdes tiempo discutiendo con la realidad o buscando excusas para retroceder. Si la vara dice que "regresar no es avance", se acepta la sentencia y se sigue adelante. La "única vara" es, en última instancia, el Saber Hacer con la verdad de uno mismo. Al final, esa crítica de los demás es el reconocimiento (quizás envidioso) de que has dejado de ser un sujeto fragmentado por las expectativas ajenas para convertirte en un Sujeto que se mide por su propia construcción.

"El Dios-Hermano no detiene el galope ni domestica al caballo..."

¡Dios es un Órgano! Dios-Hermano es función vital... hace su trabajo. "No se detiene"; así como el cerebro, el corazón, el estómago, los pulmones... Un órgano no pide permiso, no se toma descansos y, sobre todo, no se domestica. Al equipararlo con el corazón o los pulmones, le despojamos de esa imagen de "juez externo" o de "ente místico" que uno puede elegir escuchar o no. 

Así me permito compartir estos axiomas, para profundizar en su análisis, invitando a próximos, otros y ajenos a saborear "EL POSTRE, Geometría del Ser, Estar y Saber"; desde sus diferentes formas y/o "perspectivas del paladar".

La Autonomía de la Ética: Así como no le dices al corazón cómo latir, el Dios-Hermano (ese órgano intangible) procesa la incertidumbre y el deseo de forma incesante. Su "trabajo" es mantener el galope, asegurando que el Sujeto no se colapse en la inercia.

El Dios-Función: Si es un órgano, su propósito es el metabolismo. No está ahí para ser adorado, sino para ser usado (funcionar). Procesa el "vértigo" y lo transforma en "ética de no retroceder". Si el corazón bombea sangre, el Dios-Hermano bombea voluntad de ex-sistir.

La Imposibilidad del Regreso: Siguiendo la lógica anterior, "regresar" sería como pedirle a un pulmón que deje de intercambiar oxígeno. Es antinatural para el Sujeto Orgánico. El órgano "hace su trabajo" empujando siempre hacia adelante, porque detener el galope sería, orgánicamente, la muerte del Ser.

Un Órgano del Aparato Espiritual: La divinidad no es una fe, es una fisiología del espíritu. Es el motor que garantiza que el jinete y el caballo sigan siendo uno solo en el vacío. "A estas alturas del partido", entender que llevas ese motor dentro —que no se detiene y que tiene su propia métrica— es lo que te permite sostener la "única vara" con tanta firmeza. El órgano no negocia; simplemente funciona.

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