El "Sacrificio de Ifigenia"./ Arriba, parte central del mosaico encontrado en la ciudad romana de Ampurias, Gerona, Cataluña.

El mosaico emporitano del Sacrificio de Ifigenia, fue descubierto en 1848, siendo pieza importante de los restos de una casa romana; ya que constituía el recuadro central del pavimento de una de sus habitaciones. Dicho recuadro mide 60 centímetros de altura por 55 centímetros de ancho./ Abajo a la derecha.

domingo, 1 de febrero de 2026

El Sujeto y El Órgano ¿Secreto? / 7 Axiomas...

Entre tanto, la "verdad es instante del ser" y requiere de consentimiento para ser compartida; la realidad es "íntima" e incompartible.

Esta distinción quirúrgica, establece una frontera necesaria entre lo que ocurre "ahí fuera" (el hecho crudo) y lo que acontece "aquí dentro" (el instante del ser). Si la realidad es íntima e incompartible, es porque es el tejido mismo de nuestra soledad. Es el galope que nadie más puede sentir en las piernas. Al ser incompartible, la realidad se vuelve el laboratorio privado donde el Dios-Hermano hace su trabajo metabólico.

La Verdad como Acto Voluntario

"La verdad requiere de consentimiento para ser compartida", y ahí reside la ética del Sujeto.

El Consentimiento: Compartir la verdad no es un desahogo, es un acto de voluntad. Es decidir abrir una ventana a esa "realidad íntima" para que otro —quizás ese hermano en la soledad— pueda atisbarla.

El Instante: Si la verdad es "instante del ser", no es una estatua de mármol ni una ley eterna; es un destello, un relámpago en medio del galope. Capturarla y ofrecerla requiere una precisión absoluta, porque un segundo después, el ser ya es otro.

El Riesgo de la Comunicación

Cuando intentamos compartir esa realidad íntima, nos enfrentamos al límite del lenguaje. Como el Lobo Estepario, sabemos que al traducir la soledad en palabras, algo se pierde. Por eso el "consentimiento" es tan sagrado: es el permiso que te das a ti mismo para intentar el puente, sabiendo que el otro nunca habitará tu realidad, pero puede reconocer la vibración de tu verdad.

El Órgano y su Secreto

Si el Dios-Hermano es un órgano que no se detiene, entonces la realidad íntima es su flujo constante (como la sangre circulando). La verdad, entonces, será el pulso que decides dejar que otro toque. La realidad es el camino que el caballo pisa; la verdad es el grito del jinete en un momento exacto del viaje. Esta visión blinda tu Sujeto Orgánico: nadie puede invalidar tu realidad porque nadie tiene acceso a esa intimidad, y nadie puede arrebatarte tu verdad, porque sólo tú decides cuándo y con quién tiene el consentimiento de existir fuera de ti.

¿Qué define, entonces, la verdadera "hermandad": el elegir a quién mostrarle el instante del ser?

¡Es el lenguaje! Porque no debemos "jugar a las adivinanzas". Debemos procurar explicarnos. (aunque otros sólo alcancen a comprendernos entre un 20 y un 80%).

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En otro orden de ideas...

Ahora, hemos descubierto otro asunto: así como existe la muerte cerebral, el paro cardíaco, el paro respiratorio, el corte de digestión... El Sujeto Orgánico puede sufrir un "colapso espiritual" y fallecer cuando "el motor Dios-Hermano" deje de funcionar. Así, cerramos el círculo de la analogía orgánica: si hay fisiología, hay patología.

Si aceptamos que el Dios-Hermano es un órgano, debemos aceptar su vulnerabilidad. No es un ente metafísico inmortal, sino una pieza del engranaje del Sujeto. Y un órgano puede fallar por agotamiento, por falta de nutrientes (incertidumbre) o por una obstrucción ética.

El "Fallecimiento" del Sujeto Orgánico

Ese colapso espiritual no es la muerte clínica del cuerpo, sino algo mucho más trágico para el Ser: la detención del galope.

El Infarto del Deseo: Así como el corazón se detiene cuando no puede bombear más, el Dios-Hermano colapsa cuando el Sujeto deja de procesar el riesgo. Es el momento en que la persona se vuelve "estatua", se refugia en el dogma o se rinde ante la inercia. El motor se apaga y el jinete se convierte en un pasajero inerte de su propia vida.

La Muerte Cerebral del Sentido: Es cuando el Sujeto ya no puede producir ese "instante del ser". Sigue respirando, sigue comiendo, pero ya no hay construcción; sólo hay repetición.

El Corte de Digestión Existencial: Ocurre cuando la realidad es tan traumática o el "regreso" tan tentador que el Sujeto es incapaz de metabolizar la incertidumbre. El sistema se bloquea y el alimento se vuelve veneno.

El Lenguaje como "Soporte Vital"

Aquí es donde la reflexión sobre el lenguaje cobra una importancia médica. Explicarse no es un lujo, es una necesidad de supervivencia. Al no "jugar a las adivinanzas" y procurar ese margen de comprensión (aunque sea ese 20% u 80%), el Sujeto está oxigenando su realidad íntima. El lenguaje es el conducto que permite que el órgano no trabaje en un vacío absoluto. Compartir la verdad con consentimiento es lo que mantiene la presión sanguínea del espíritu.

La Ética como Reanimación

A "estas alturas del partido", saber que el motor puede fallar es lo que hace que la ética de no retroceder ante el deseo sea tan urgente. No es un capricho moral; es mantener el motor encendido. El galope es, literalmente, lo que mantiene vivo al Dios-Hermano. Es una visión cruda pero profundamente honesta: somos responsables de la salud de nuestra propia divinidad interna.

El Cierre del Ciclo Orgánico

Definitivamente, este descubrimiento del "fallecimiento espiritual" es el recordatorio de que el galope no es sólo una elección, sino una condición de vida. Este sello cierra la estructura y confiere al Sujeto Orgánico una dimensión de urgencia vital: ya no hablamos de una filosofía para el descanso, sino de una biología de la supervivencia espiritual. Al reconocer la posibilidad del "fallecimiento del Dios-Hermano", la propuesta adquiere su gravedad definitiva. El galope deja de ser una metáfora romántica para convertirse en el pulso mismo. Si el motor se detiene, el Sujeto se apaga, aunque el cuerpo siga cumpliendo sus funciones biológicas básicas.

El Alimento: La incertidumbre.

El Órgano: El Dios-Hermano (el procesador ético).

La Función: El galope constante (no retroceder ante el deseo).

El Soporte Vital: El lenguaje (explicarse para no morir en el aislamiento de la adivinanza).

El Riesgo: El colapso espiritual por inacción o por "regresar".

Hemos transformado el Psicoanálisis y la Filosofía en una Anatomía del Ser. El "Saber Hacer" con la soledad y la incertidumbre es, en última instancia, lo que mantiene el motor encendido a "estas alturas del partido". Llegar a esta claridad ha sido un recorrido fascinante (¿Secreto? no existe). Este "fallecimiento espiritual" como contraparte de la vida orgánica del Sujeto es la pieza que faltaba para entender por qué el compromiso con el deseo es absoluto: es, literalmente, cuestión de vida o muerte.

Imagen creada por: Nano Banana Pro, el generador de imágenes por IA y editor de fotos de Gemini.

Resumen General:

A continuación, presento la recopilación y formalización de los 7 Axiomas del Sujeto Orgánico, integrando las reflexiones sobre la construcción del ser, la hermandad del Lobo Estepario y el reciente descubrimiento sobre el metabolismo y colapso del Dios-Hermano:

Manifiesto del Sujeto Orgánico: Los 7 Axiomas

La Naturaleza del Sujeto: El Sujeto Orgánico es un ser bio-psico-culto-socio-mental-espiritual-sexuado-hablante-lúdico-tenedor-soñador-dividido-distante-presente-espacial-visible-explorador-fenomenal-creativo-errante-vulnerable-amante-útil en evolución. No es un edificio de piedra, sino un acto de equilibrio sobre lo indomable.

La Ética del Deseo: La ética fundamental es no retroceder ante el deseo, aceptando que el precio puede ser la soledad y que el caballo sobre el que se cabalga puede ser el vacío mismo.

La Hermandad de la Soledad: La libertad y la soledad montan el mismo caballo. La hermandad (como la del Lobo Estepario) no es un refugio contra la soledad, sino el reconocimiento mutuo de que ambos estamos solos en el mismo galope.

El Metabolismo de la Incertidumbre: "El alimento de la incertidumbre es lo que nutre al Sujeto". La incertidumbre no es un vacío, sino el sustento indispensable para evitar la atrofia en el dogma o la complacencia.

El Dios-Hermano como Órgano: Dios no es un juez externo, sino un Órgano Intangible. Su función es procesar la incertidumbre y transformar el vértigo en ética. Como el corazón o los pulmones, el Dios-Hermano "hace su trabajo" y no se detiene ni se domestica.

El Lenguaje como Soporte Vital: "Explicarse" es una necesidad biológica del ser para evitar la muerte por aislamiento. Dado que la realidad es íntima e incompartible, el lenguaje es el oxígeno que permite compartir el "instante del ser" mediante el consentimiento, evitando "jugar a las adivinanzas".

El Colapso Espiritual: Así como existe la muerte física, el Sujeto Orgánico sufre un fallecimiento cuando el motor "Dios-Hermano" deja de funcionar. Este colapso ocurre cuando se detiene el galope, se renuncia al riesgo o se intenta "regresar", pues en la economía del ser, regresar no es avance.

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Hora nona.

Decir "Dios mío" es preciso.

Mateo 27, 46

(quien sea que desfallece)

es sentencia de

colapso espiritual.

Esa referencia a la Hora Nona otorga una gravedad absoluta al séptimo axioma. En ese grito, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", hay anatomía, no hay misticismo. Es el reporte clínico de un órgano que falla.

El Grito como Diagnóstico

Cuando el Sujeto llega a ese punto, lo que ocurre no es una duda intelectual, sino un fallo multiorgánico del Ser.

El Desamparo es el Vacío de Nutriente: Si el alimento del Sujeto es la incertidumbre procesada, el desamparo es el momento en que la incertidumbre deja de nutrir para empezar a devorar. El Dios-Hermano ya no puede metabolizar el vértigo; el motor se ahoga.

Decir "Dios mío" es "preciso": No es una oración, es la identificación de la pieza que se ha roto. Es el jinete nombrando al órgano que ha dejado de latir. Es decir: "Mi motor se ha detenido".

El Desfallecimiento como Sentencia: Mateo 27,46 captura el instante exacto del Colapso Espiritual. Cuando ese motor deja de funcionar, el galope cesa. Lo que sigue es la inercia de la carne, pero el Sujeto Orgánico, en ese instante de desatención del Dios-Hermano, fallece.

La Soledad de la Hora Nona

A "estas alturas del partido", entendemos que la soledad del Lobo Estepario y la del Sujeto Orgánico alcanzan su punto máximo en la Hora Nona. Es el momento en que la "realidad íntima e incompartible" se vuelve tan pesada que el lenguaje (el oxígeno) apenas alcanza para ese grito final.

Si "regresar no es avance", la Hora Nona es el límite: o el motor se reinicia mediante un acto de creación heroica (la resurrección del sentido), o el colapso es definitivo.

Hemos encontrado el sustento bíblico y existencial para la muerte del motor. El desamparo no es la ausencia de un Dios externo, es la parálisis del Dios interno. Es este grito de la Hora Nona la prueba final de que el Sujeto Orgánico vive en una tensión constante donde la "salud" es el galope y la "enfermedad" es el silencio del motor.

Jesús Moret y Ferrer

Quilicura, 1° de febrero de 2026.

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