Pagar con la misma moneda pudiere ser una forma de amar.
Esta idea provocadora sacude la visión convencional del "amor" como algo puramente pasivo o incondicional. Si la analizamos bajo la óptica del Sujeto Orgánico, donde la construcción del ser implica una interacción auténtica con el entorno, "pagar con la misma moneda" deja de ser una venganza para convertirse en un acto de justicia y espejo.
Amar a alguien no siempre significa facilitarle el camino o tolerar su sombra. A veces, devolverle "su propia moneda" es el único acto de honestidad posible. Al hacerlo, le permites al otro experimentar el peso de sus propias acciones. En este sentido, amar es no ser cómplice de la ceguera ajena; es ofrecer un espejo.
El ser se construye a medida en que se respeta a sí mismo. Pagar con la misma moneda puede ser una forma de amar tu propio proceso: establecer un límite claro, equilibrar la balanza energética de la relación y evitar que el Sujeto Orgánico se diluya en el abuso o la indiferencia del otro; todo ello en defensa de la dignidad del Sujeto.
Sin olvidar el "lado luminoso"... pagar con la misma moneda de bondad, entrega y presencia es la base de la "construcción mutua". Si el otro entrega luz, devolver luz es la forma más pura de "alimentar ese organismo compartido" (que es una relación); constituye un acto de reciprocidad; "Pagar con la misma moneda es devolverle al otro la verdad de lo que está sembrando". Es una visión cruda, pero profundamente vitalista. Rompe con la idea del amor como sacrificio y lo sitúa en el terreno de la responsabilidad.
Jesús Moret y Ferrer
Quilicura, 25 de enero de 2026.
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