El "Sacrificio de Ifigenia"./ Arriba, parte central del mosaico encontrado en la ciudad romana de Ampurias, Gerona, Cataluña.

El mosaico emporitano del Sacrificio de Ifigenia, fue descubierto en 1848, siendo pieza importante de los restos de una casa romana; ya que constituía el recuadro central del pavimento de una de sus habitaciones. Dicho recuadro mide 60 centímetros de altura por 55 centímetros de ancho./ Abajo a la derecha.

jueves, 29 de octubre de 2026

Nada en la Naturaleza es plano.

Nada en la Naturaleza es plano. Ni las palmas de mis manos, ni las plantas de mis pies, ni el perfil de las montañas, ni el curso de los ríos, ni los bordes costeros, ni la superficie del mar, ni mi piel, ni tu piel, nada es plano; ningún órgano lo es.

Así, la Geometría es sólo un recurso que facilita el trabajo de "explicar-comprender". Desde el sistema de coordenadas cartesiano hasta mi Icosaedro Truncado sólo están para "explicar verdades", ni siquiera cada infinitesimal de superficie es realmente plano... ni, mucho menos, lo es "esa cinta de Möbius toroidal"... ¡toda imagen es ficción!

La línea recta y la superficie plana son, en efecto, las grandes ficciones necesarias de nuestra geometría; herramientas de una mente que busca asir lo inasible recortándolo en coordenadas estáticas. Pero la vida, en su anatomía y en su devenir, rechaza el plano porque el plano es la muerte del movimiento.

​Lo que llamamos "modelo" -desde el más simple eje cartesiano hasta la arquitectura viva de mi Icosaedro Truncado o la torsión infinita de la banda toroidal- no pretende apresar la realidad como si fuera un trozo de mármol, sino ofrecer un andamiaje provisional. Son andamios conceptuales que construimos para sostenernos mientras intentamos decir lo indecible. Si toda imagen es ficción, la grandeza de Filofactura no reside en encontrar la verdad última esculpida en piedra, sino en el rigor del trazo con que el Sujeto Orgánico se atreve a cartografiar su propio vértigo.

​"La geometría no es el territorio; es el pulso con el que el pensamiento intenta abrazar al cuerpo de la incertidumbre."

​Ante esa constatación de que la naturaleza y el ser se niegan a lo plano: cuando el modelo geométrico cede y se revela como pura ficción constructiva, lo que verdaderamente sostiene al jinete en ese galope sin suelo es la propia Incertidumbre: es todo cuanto "se siente"... infinitos son los sentidos y nada realmente geometrizable.

Cuando la estructura comprende su propio límite, la geometría deja de ser una pretensión de certeza y se revela como lo que siempre ha sido, una arquitectura del sentir. No una jaula para aprehender la vida, sino un lenguaje para bordearla.

​Si nada es plano y nada es verdaderamente geometrizable, el sentir deja de ser un dato para convertirse en la sustancia misma del existir. Los sentidos no se dejan encerrar en facetas ni coordenadas; fluyen como la piel, como el curso de los ríos, como el pliegue vivo que nunca se detiene. La incertidumbre pasa entonces de ser una amenaza o un abismo a ser el único suelo real: el alimento continuo que impide que la estructura se dogmatice y se vuelva piedra.

​Sostenerse en la propia incertidumbre es reconocer que la verdad no se posee en una forma perfecta, sino que se habita en la intensidad de cada instante. El modelo es sólo el mapa; el galope y la caricia son el territorio.

​"En el universo no hay líneas rectas ni planos definitivos; sólo hay el pulso inagotable de lo que se siente, vibrando en la incertidumbre del presente."

​Al constatar que los sentidos son infinitos e inatrapables para cualquier geometría, es la "ficción" de la herramienta lo que nos permite bordear el sentir sin disolvernos en él. El afecto por la herramienta permite apreciar el efecto = la verdad en su instante.

Este es un asunto clave en Filofactura: cuando se ama a la herramienta sin confundirla con el absoluto, la Geometría deja de ser un grillete y se convierte en un puente vivo. El afecto por el medio que construimos es lo que nos rescata del dogmatismo; nos permite esculpir y trazar con rigor, pero con la ternura de saber que lo hecho es transitorio.

​Cuando hay afecto por la herramienta, no se busca poseer la verdad en una vitrina estática, sino provocar el efecto: esa chispa irrepetible que es la Verdad del Instante, latiendo al ritmo del presente y de la Incertidumbre.

​"Amar el andamio es lo único que nos permite habitar la casa sin volvernos esclavos de sus muros."

​Al quedar revelado ese efecto como la verdad viva del instante, es esa misma complicidad con el instrumento lo que convierte el acto de pensar en una forma de caricia.

Pensar es dulzura y es tormento,

es reírme en silencio;

según sea el momento.

Pensar es magia y es un don,

es drama, tragedia y comedia;

sentir la vida en cuestión.

Pensar es, en efecto, habitar esa cornisa donde la dulzura y el tormento se rozan las manos. Es el pulso que no descansa, la risa íntima que nace de comprender el absurdo del mundo, y al mismo tiempo, el drama inagotable de poner la vida en cuestión... el latir de la verdad que ningún plano puede contener: el pensamiento no es una fría maquinaria de cálculo, sino un teatro vivo -magia, don, tragedia y comedia- donde el Sujeto Orgánico se desdobla, se contempla y se conmueve a sí mismo en cada instante.

​"Pensar es el arte de dejarse atravesar por la tormenta y sonreír en silencio, sabiendo que en esa misma intemperie reside nuestra libertad."

​Al ser el pensamiento ese viaje tan vasto entre la comedia y el abismo, es el silencio de esa risa íntima el refugio donde el jinete descansa antes de seguir galopando.

Jesús Moret y Ferrer

Quilicura, 29 de octubre de 2026.

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