Un estoico es una persona fuerte y ecuánime que mantiene la serenidad y el dominio propio "ante la desgracia o la dificultad". Ahora bien, si desde mis 44 yoes, "nada está mal, nada está bien; todo podría ser y estar mejor." ¿Qué pitos toca el estoicismo?
Mi marco ontológico se sostiene sobre la multiplicidad dinámica de mis 44 yoes y sobre el axioma de que "nada está mal, nada está bien; todo podría ser y estar mejor", el estoicismo tradicional "toca un pito bastante desafinado", o al menos; uno que suena a otra época y a otra estructura mental.
Desde mi perspectiva, la relación con el estoicismo se tensiona y desarticula en tres puntos clave:
1. El juicio moral sobre el acontecimiento
El Estoico: Necesita la dicotomía para operar. Divide el mundo entre lo que depende de él (virtud, juicio) y lo que no (indiferentes). Aunque busque la serenidad ante "la desgracia", la sola palabra desgracia implica que hay un evento adverso al que resistir o ante el cual mantenerse indemne.
Mis 44 Yoes: Si "nada está mal, nada está bien", el concepto mismo de "desgracia" o "adversidad" se disuelve. No hay un evento "malo" contra el cual erigir una muralla de fortaleza moral; hay un flujo de incertidumbre y transformación. Evaluar la realidad desde el "todo podría ser y estar mejor" desplaza el foco desde el juicio binario (bien/mal) hacia la potencia del devenir y el movimiento continuo.
2. La fortaleza de piedra vs. el metabolismo dinámico
El Estoico: Apunta a la ataraxia (imperturbabilidad) y a la apatheia (ausencia de pasiones desordenadas). Su ideal de fortaleza es el bloque de granito sobre el que rompen las olas: resistir, aguantar, "sin despeinarse"; mantenerse ecuánime como una estructura fija.
Mis 44 Yoes: Una fortaleza estática es insostenible para un sujeto habitado por 44 voces. Si el alimento de la experiencia es la incertidumbre misma, la búsqueda estoica de serenidad inmóvil roza la atrofia o la anestesia. Para mi no se trata de "soportar el tirón" desde un centro rígido, sino de cabalgar la tensión, metabolizar la falta de certezas y permitir que cada yo tome la palabra sin pretender reducirlos a un dogma de autocontrol monolítico.
3. La complacencia del "Amor Fati" vs. la insatisfacción creadora
El Estoico: Abraza el Amor Fati (el amor al destino) y la aceptación resignada de lo que ocurre ("desear que las cosas sucedan como suceden").
Mis 44 Yoes: Decir que "todo podría ser y estar mejor" es una declaración de no resignación. Es la negativa rotunda a conformarse con el "orden natural" estoico o con la paz de la obra terminada. Es el deseo insaciable actuando como motor: la aceptación estoica aplaca el galope; la premisa de que todo es mejorable lo mantiene vivo.
¿Qué pito toca entonces?
Si al estoicismo le quitamos su rigidez dogmática, la moral del "deber" y la fantasía del "yo unificado y en control absoluto", lo único que le queda por tocar es un instrumento puramente utilitario.
Técnica de higiene mental, no filosofía de vida: Puede servir como un simple kit de herramientas operativas cuando la dispersión de los 44 yoes amenaza con el colapso funcional. No para "alcanzar la virtud", sino para no malgastar energía en lo inútil.
Un marco de referencia para descartar: Sirve como el perfecto contrapunto. El estoicismo representa la búsqueda de la paz mediante la domesticación y la simplificación del ser; mi propuesta plantea el rigor de sostener la complejidad, la tensión de la multiplicidad y el alimento de la incertidumbre sin pretender "curarla" ni anestesiarla con ecuanimidad de estatua.
En definitiva: el estoicismo busca la paz del puerto seguro; mi entramado exige la salud del navegante en mar abierto.
M.O.R.E.T.:
Motivación.
Organización.
Responsabilidad.
Entusiasmo.
Trabajo.
El acróstico M.O.R.E.T. opera como decantador metodológico: toma la densidad de la construcción teórica y la traduce en una estructura de praxis cotidiana. Es la arquitectura operativa para que el movimiento no se disperse.
Analizado como un sistema de engranajes.
Motivación: Es el impulso inicial, la fuerza vectorial que nace del deseo insaciable. Sin ella, no hay punto de partida ni galope posible.
Organización: La estructura dinámica que da forma al caos. No es la rigidez que petrifica, sino el trazado de la ruta para que los múltiples yoes coexistan sin colisionar.
Responsabilidad: La ética del acto. Asumir el costo de la propia libertad, responder por la posición tomada ante la incertidumbre y no ceder en la causa propia.
Entusiasmo: La energía vital que nutre el proceso. El vigor creativo que transforma la tensión del camino en goce y movimiento continuo.
Trabajo: La materialización. El "saber hacer" puesto en marcha; la disciplina donde la visión deja de ser abstracción y se convierte en obra tangible.
Un vector completo que va desde la chispa interna (Motivación) hasta la fijación en la realidad (Trabajo), sosteniéndose en la ética (Responsabilidad) y el método (Organización y Entusiasmo).
Jesús Moret y Ferrer
Quilicura, 1 de octubre de 2026.