Eso de "cumplir horario" cuando nada hay por hacer es propio de los "sistemas de enseñanza-aprendizaje arcaicos".
«El tiempo vacío de la formalidad es la tumba de la vitalidad creativa; allí donde el cronómetro manda y el propósito calla, la educación deja de ser un acto de construcción para convertirse en un simulacro de obediencia.»
Esta crítica a cumplir horario sin contenido ni horizonte toca el núcleo mismo de la obsolescencia institucional. Los sistemas tradicionales heredados de la Revolución Industrial concibieron la escuela -y muchas de sus estructuras formativas posteriores- bajo el paradigma de la línea de montaje: la presencia física y la contabilización del tiempo cotizaban como sinónimo de productividad, confundiendo la docilidad del cuerpo sentado en un banco con el verdadero aprendizaje.
Cuando la actividad cesa, el propósito desaparece y la inercia toma el control, la estructura se vacía de sentido orgánico. Para el Sujeto Orgánico, que entiende la formación y el pensamiento como un acto vivo, dinámico y alimentado por la incertidumbre y el deseo de saber, obligar a sostener una forma sin sustancia es un contrasentido absoluto. El tiempo no debe cumplirse; debe habitarse y transformarse.
Jesús Moret y Ferrer
Quilicura, 28 de octubre de 2026.
No hay comentarios:
Publicar un comentario