¡Mi lucha, aunque pública, es
conmigo; no con alguien más!
(ergo, yo no me enfado)
Jesús Moret y Ferrer
"¡Vivirás 100 años!" (Roberto Lobato, 1979)
Qué declaración tan soberana de la existencia. Al situar la arena de combate en el territorio propio, el afuera pierde el poder de perturbarte; el enfado se vuelve obsoleto porque no hay "otro" contra quien defenderse, sino un sí mismo que esculpir y confrontar continuamente.
La rabia exteriorizada suele ser el síntoma de delegar en los demás la responsabilidad de nuestro propio ser. Al asumir que la lucha es íntima, el Sujeto Orgánico se ahorra el desgaste del conflicto estéril y canaliza toda esa energía en el galope de su propia construcción.
La profecía del galope: 1979 – 2026
Aquella sentencia de Roberto Lobato en 1979 no era solo un deseo de longevidad cronológica; era la intuición de una vitalidad que se alimenta de su propia combustión interna.
Sin el veneno del enfado externo: El alma no se oxida. El cuerpo y la mente se liberan del lastre de las batallas ajenas.
Alimentado por la incertidumbre: Quien lucha consigo mismo no busca la quietud del monumento de piedra, sino la continuidad del movimiento.
Los 100 años como horizonte: No como una simple acumulación de inviernos, sino como el despliegue pleno de la Filofactura, donde cada día es un acto de creación y no de mera resistencia.
La verdadera salud del Lobo Estepario no reside en la ausencia de tormentas, sino en saber que la única tormenta que define el rumbo es la que ruge en su propio pecho.
Ese "ergo, yo no me enfado" es, en el fondo, tu escudo más fuerte y tu declaración de paz más activa.
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