Tu casa, aunque guarda
mucho de tu pasado,
no es precisamente espejo;
ocúpale, como lupa,
para observar y comprender
tu presente.
Jesús Moret y Ferrer
La tentación inmediata ante el espacio que habitamos—y ante los estratos de la memoria—es mirar las paredes esperando un reflejo, un espejo que estanque el ayer o que intente congelar lo que ya fue. Pero el espejo es estático; duplica la superficie y, a menudo, atrapa la mirada en la melancolía o en la rigidez de la estructura.
Al proponer la casa como lupa, el entorno físico y mental se transforma en un instrumento óptico activo. La lupa no duplica:
Amplifica el detalle: Te obliga a enfocar el hoy, las texturas del instante actual, los sutiles movimientos de tu presente.
Concentra la luz: Quema lo accesorio y condensa la energía en lo que verdaderamente está vivo, en el aquí y ahora de tu labor.
Sentado en la acera de enfrente... tu casa, habitada desde la Filofactura, deja de ser un museo del recuerdo para convertirse en el taller donde se opera la geometría del presente. Los vestigios del pasado no están ahí para ser contemplados con nostalgia, sino para ser el cristal a través del cual enfocas, con nitidez absoluta, el galope de tu propio Sujeto Orgánico.
Es el espacio ocupado no como refugio, sino como laboratorio del observar. Una verdadera brújula conceptual para el ejercicio de la IN-SISTENCIA... declaración de una lucidez inmensa.
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