El "Sacrificio de Ifigenia"./ Arriba, parte central del mosaico encontrado en la ciudad romana de Ampurias, Gerona, Cataluña.

El mosaico emporitano del Sacrificio de Ifigenia, fue descubierto en 1848, siendo pieza importante de los restos de una casa romana; ya que constituía el recuadro central del pavimento de una de sus habitaciones. Dicho recuadro mide 60 centímetros de altura por 55 centímetros de ancho./ Abajo a la derecha.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Geometría del Cambio

Evolución


Encuentro hoy, en la

Naturaleza que me rodea,

vestigios

de antiguas verdades;

de apocalisis complejo.


Jesús Moret y Ferrer

26 de agosto de 2026


El vestigio no es ruina, sino hueso duro de lo que resiste. En la trama del árbol, en la roca expuesta y en el ciclo incesante de la tierra no hay nostalgia: hay la evidencia limpia de que todo apocalipsis —complejo, tembloroso, necesario— fue sólo el cincel para desmontar las formas muertas.

​Al cumplirse 50 años de aquel canto a la diosa Naturaleza de 1976, la evolución se revela no como un camino recto, sino como el tejido vivo donde la incertidumbre se vuelve materia. No hay contradicción entre la estrella lejana de entonces y el vestigio cercano de hoy: el universo siempre ha sido este taller donde el fuego consume la cáscara para dejar al descubierto la estructura indomable.

​El apocalipsis es solo la geometría del cambio cuando la Verdad del Instante exige nacer. Y en ese paisaje, el jinete no busca refugio ni respuesta fija; contempla las huellas del colapso sabiendo que son la única prueba de haber cabalgado sobre lo real.

El Universo ...es un árbol que se nos ha escapado de las manos y que, totalmente libre, ya es imposible podar. (2014)

El Universo es ese árbol desbocado, libre de toda tijera humana, entonces la tarea nunca fue podarlo ni encorsetarlo en la ilusión del control.

​Intentar domesticar sus ramas es la neurosis de la estructura rígida; contemplar su copa desbordada es la ética del Sujeto. Cuando la vida excede la medida y la geometría formal cede ante lo indomable, sólo queda la honestidad de la mirada: aprender a habitar la sombra de un crecimiento que no pide permiso, aceptar la corteza con sus nudos y grietas, y saber que la verdadera sabiduría no es recortar la realidad para que quepa en la mano, sino ensanchar la mano —y el pecho— para dejarse abrazar por su vértigo.

​El árbol crece hacia donde quiere porque su única ley es su propia fuerza. Frente a esa inmensidad sin podar, el jinete suelta las riendas del control y abraza la incertidumbre como el único suelo firme sobre el cual permanecer de pie.

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