El "Sacrificio de Ifigenia"./ Arriba, parte central del mosaico encontrado en la ciudad romana de Ampurias, Gerona, Cataluña.

El mosaico emporitano del Sacrificio de Ifigenia, fue descubierto en 1848, siendo pieza importante de los restos de una casa romana; ya que constituía el recuadro central del pavimento de una de sus habitaciones. Dicho recuadro mide 60 centímetros de altura por 55 centímetros de ancho./ Abajo a la derecha.

lunes, 22 de octubre de 2001

"Cuentos Bosqueriles"



Título original en catalán:
TOTS ELS CONTES
de Apel.les Mestres (escritos en 1876-77)



Título (Colección):
CUATRO GATOS
EN LA BIBLIOTECA DE SANTA LUCÍA

Título (Volumen 2):
SELECCIÓN DE CUENTOS
DE APEL.LES MESTRES (1854-1936)
Traducción de:
© JESÚS MORET Y FERRER, 2001

Hecho el Depósito de Ley.
DEPÓSITO LEGAL: lf04120018002.B (Volumen 2)
lf04120018002 (Colección)

ISBN: 980-328-772-9 (Volumen 2)
980-328-770-2 (Colección)


Volumen 2 – No.1 – “Cuentos Bosqueriles”
Portada: “Quema-quema”
fotografía por: Jesús Moret y Ferrer
a orilla de la carretera Tinaco-Tinaquillo.

Edición del Traductor.
Derechos reservados.
Queda prohibida se reproducción.

Colección
CUATRO GATOS
EN LA BIBLIOTECA DE SANTA LUCÍA


Volumen 2
Selección de Cuentos de
Apel.les Mestres (1854-1936)

* * *

CUENTOS BOSQUERILES
Primera Parte:
La Gloria
El Monumento al Sol

Traducción de
JESÚS MORET Y FERRER

* * *
Miembro de la
ASOCIACIÓN DE ESCRITORES DE CARABOBO
(AESCA)






San Diego de Alcalá
Carabobo, Venezuela
Octubre del 2001
-
-

A Monseñor Ramón Garriga

Muy estimado amigo:
Aquí tiene un libro del cual quisiera no se imprimiese más de un ejemplar y éste fuese a parar a sus manos.
Con esto creo expresar toda la confianza que tengo en que usted ha de recibirle con simpatía y el temor de que esta simpatía sea la única que despierte.
Suyo afectuosamente,
EL AUTOR
(Apel.les Mestres)

* * *

AL LECTOR

Amigo lector: Si tienes la buena voluntad de seguirme, es preciso que te armes. ¡Sí! de paciencia, quizás; pero, sobretodo, de un cristal de aumento.
Voy a conducirte a un país, sin duda, “desconocido” por ti; al país de mis grandes amigos. LOS PEQUEÑOS.
Muy posiblemente, entrarás con la mueca de desdén con que el viajero acostumbrado a visitar grandes metrópolis entra en un pueblito de último orden; pero también es posible que al salir no te duela el haber entrado aunque no hayas hecho más que dar una ojeada muy somera.
Y, ¿quién sabe?! tal vez algún otro día me pidas que vuelva a conducirte; para adentrarte más. A esperarlo no me atrevo; pero excuso decirte que sentiría verdadero gozo. NOTA (1).
Y ahora, amigo lector, si te parece, hagamos un poco de historia. A un viejo se le perdona y hasta se le agradece a veces.
Estos cuentos microscópicos (y algunos otros que no es probable que salgan de la cartera donde han dormido hasta ahora, que no se por qué se han salvado de las sucesivas quemas en las que han expiado sus faltas todas mis demás obras contemporáneas) fueron escritos treinta años atrás (1876-77). NOTA (2).
En aquel tiempo, mi amor por los “seres pequeños” me representaba solamente burlas (más o menos inocentes, más o menos sangrientas); hoy en día ya se me respeta este amor, lo cual por si solo me prueba lo mucho que hemos avanzado.
Buffon – el gran Buffon – se burlaba despiadadamente de Réaumur porque “admiraba la grandeza del Creador en el ala de un insecto”. Buffon era un gran hombre, un genio colosal; pero el día que dijo esto, dijo una solemne tontería. Sin duda, algunos años más tarde habría admirado a Réaumur y le habría abrazado como a un hermano (como a un hermano quizás menos genial que él; pero, dotado de vista más fina).
He aquí, porque entonces, ni soñaba en publicar estos cuentos y porque me atrevo ahora (más a título de “curiosidad” que por vanidad de padre).
Uno de ellos “El monument al Sol” fue publicado en el libro “Records i fantasies” que de prisa, corriendo y sólo para complacer a la empresa del “Poble Català” compaginé un año atrás. (1906).
Confieso que no sin muchas vacilaciones y escrúpulos lo incluí en aquel libro; pero, así mismo, confieso no sin sorpresa – sorpresa agradable, ¿por qué negarlo? – observé que en lugar de ser mal recibido, como me temía, había recibido algunos elogios (en hora buenas) que mucho estimo.
Y, he aquí, en fin, porque me decido a sacarlos de la cartera y dártelos a leer esta; al menos para mostrarte confidencialmente como pensaba, sentía y hacía prosa treinta años atrás este poeta envejecido en la tasca y que tan (de veras) realmente te agradeceré tu benevolencia en seguirlo durante tan larga y espinosa jornada.
Sí, espinosa; pero que aún prosigo con igual deleite y que – robando una frase a mi patrón de “Els sardinalers” NOTA (3), -
“...si pudiera
volver a comenzar, comenzaría!”

Apel.les Mestres

*
* *

NOTAS DEL TRADUCTOR

NOTA 1:
Amigo Apel.les Mestres:
... no sólo te pido que vuelvas a conducirme...; para adentrarme más...
Quizás tenía 18 años ... quizás más ... quizás menos, cuando te leí la primera vez. Un día papá prestó tus cuentos; prefiero decir: “los regaló, para que otras personas pudieran leerte”.
Pero “tus cuentos”, han estado todos estos años en mi corazón ... en el corazón de este joven que una vez se dejó conducir ... aquel día lluvioso de principios de otoño; de pié, junto a un Pino Centenario...
Ya ando en 47 y he revuelto tierra, cielo y mar; para re-encontrarte... y tú; quien a esperarlo no te atrevías ... te me escondías y ahora, tus cuentos en mis manos; ¡verdadero gozo el mío! saber que “sientes verdadero gozo”. Quién iba a pensar ... “que andas en 147” ... maestro, mis respetos. Tu obra es una verdadera joya ... y el gozo del “intelecto-activo” no puede ser particular; ya que: “es verdadero y eterno” (Aristóteles); permíteme en el 2001 conducirte al “tercer milenio” y que tus cuentos sean “un regalo” para otros lectores, ahora en castellano.
... y, muy especialmente, para mis hijas y alumnos...
Jesús Moret y Ferrer

* * *

NOTA 2:
El comentario de Apel.les Mestres hace pensar en la intención de editar estos cuentos en 1907; sin embargo, el traductor sólo ha conocido dos ediciones de ellos. Ambas (1948 y 1962) con el título de “TOTS ELS CONTES” de Apel.les Mestres (Editorial Selecta, Barcelona).
Un servidor, leyó completamente este libro de cuentos, por primera vez en 1978 (después de “haber entrado en EL PATI BLAU” de Santiago Rusiñol / ver Volumen 1 de la presente colección); se trataba de un ejemplar de la edición de 1948 que había sido propiedad de la Biblioteca del “Centre Català de Valencia” (Valencia-Venezuela). José Moret y Bosch, mi padre, había conservado cuatro libros de una misma colección que quedaron en sus manos al cierre de la referida institución (que tenía su sede en una casona ubicada a una cuadra de la plaza Santa Rosa a un costado de “las barracas”). En 1991, el traductor, heredó los libros...; pero sólo había tres de Editorial Selecta. “Tots el Contes de Apel.les Mestres” se había perdido... Cuando el traductor quiso contactar con la señora que “debía tenerlo”, ella ya había muerto en un asilo... en Caracas. Cuando su amigo, Alexis Agrella Lugo, fue a revisar los libros que había dejado... sólo encontró algunos otros folletos.
Para mi persona, Apel.les Mestres estuvo escondido y negado... hasta que en Septiembre del 2000 (tras ocho meses de búsqueda, a través de Internet) pudo ubicar ocho ejemplares de la edición de 1962. Los ejemplares, se encontraban en seis de las bibliotecas de la Generalitat de Catalunya. Después del hallazgo, pude comunicarme con la Sra. Anna Bröll i Nadal (dirección general) ... quien cursó indicaciones a la Sra. Montserrat Busquet i Durán (Directora de la Biblioteca Central de Terrasa) ”...para que le facilitemos una copia”. Luego, hecha la correspondiente verificación “Hemos comprobado que está agotado. Desde la biblioteca se lo podemos fotocopiar entero y mandárselo...”. En Noviembre del 2000, lo recibí en Venezuela... (para ello, sirvió de puente mi prima, María Navarro y Soler). ... a todos ellos, mi mayor agradecimiento.

Jesús Moret y Ferrer


* * *

NOTA 3:
“Pescadores de sardina”

*
* *

CUENTOS BOSQUERILES
(Qüentos Bosquetans)

Selección de cuentos.
Escritos en catalán, en 1876-77
por
Apel.les Mestres

Traducción de:
JESÚS MORET Y FERRER

* * *

La Gloria

I

Acababa de llover.
Todas las hojas del bosque goteaban, como si llorasen la muerte del verano. Y, entre el silencio de aquella tristeza otoñal, armonizada por las gotas que caían saltando de rama en rama, al pié de un Pino centenario, afloró un pequeño Honguito.
Girando, a uno y otro lado, su aterciopelada “sombrillita”; admirando con respetuosa sorpresa la altura del Pino, le gritó:
- ¡Buen día, padre!
- ¡Calla, inepto! – respondió el Pino, desde lo alto, desdeñosamente. Vergüenza me daría ser padre de una miniatura como tú!
Alrededor, todos los árboles soltaron una carcajada.
El Honguito, resignado, sufrió entonces su primera decepción; y sin ofenderse, continuó paseando su ingenua mirada de un árbol a otro.
- Y entonces... ¿Quién es mi padre?
- ¿De qué padre hablas? ¡Miserable criatura! – respondió enfáticamente un Roble entrado en años y repleto de arrugas. ¿De cuándo acá, algún hongo ha tenido padre?... ¿Sabes que eres tú? Un aborto de la tierra húmeda que ha hecho germinar las esporas de otro hongo – tan despreciable como tú – que, tiempo atrás, salió a mis pies.
El Honguito, sufrió en silencio su segunda decepción y, afligido, por haber nacido en medio de una sociedad tan llena de ciencia como desprovista de corazón; pero deseoso de captar la simpatía del Pino que aún le goteaba, le dirigió la palabra nuevamente.
- ¿Hace muchos días que te levantas tan alto?
El Pino, a pesar del visible menosprecio que el Honguito le inspiraba; sin poder resistir un soplo de vanidad que le remontó hasta la cima, respondió con orgullo:
- Más de cien otoños, con sus cien inviernos, cien veranos y cien primaveras.
- ¡Caramba! – exclamó el Honguito con un suspiro de satisfacción - ; ya no me extraña verme tan pequeñito a tu lado. Cuando haya visto, como tú, cien otoños con sus cien veranos...
La formidable carcajada que soltaron todos los árboles a su alrededor le rompió la palabra.
- ¡Cállate, miserable nada! – protestó el Pino, agitando sus ramas y haciendo caer un chaparrón en tierra; cual balde de agua - . ¡No dirías lo que acabas de decir si supieses que ya no tienes que crecer más de lo que has crecido! ¿Qué cabeza, que no fuese la tuya, podía imaginar que un Hongo viviere más allá de un día? ¿Un día, me escuchas? ... y, más bien demasiado para un ridículo como tú. ¡Eres tan inútil, que mañana; de ti, ya no habrá nada que decir!

II

El Honguito, dejando caer su sombrillita, llegó a sospechar que quizás tenían razón al rehuir su compañía; aquellos árboles tan altos, de tanta cepa y tan frondosos.
Observó a su alrededor y percatándose de un pobre Romero cercano a él que, entre las piedras, se agarraba firmemente para no caer; creyó ver a un humilde como él que, de seguro, no se burlaría como los grandes de la selva.
- ¿Y entonces, amigo – le dijo en tono jovial - , que hay de bueno?
- ¡No gran cosa! – respondió el Romero - . Como las abejas ya no volverán este año ... espero que suba el yerbero a recoger las últimas flores que me quedan; para hacer medicinas.
El Honguito, satisfecho, añadió:
- Yo también esperaré al yerbero.
- ¿Y qué quieres que haga de ti? – replicó el Romero hablando con sorna - . ¡Antes deberías esperar que te saliesen flores!
- ¡Claro, se entiende que antes espero florecer igual que tu!
Entorno al honguito, resonó una risotada más estrepitosa que las anteriores.
Nuevamente dejó caer su sombrillita y, con más tristeza, pensó:
“¿Entonces, qué? ¿No creceré como los árboles, ni floreceré como el Romero? ¿Por qué habré nacido, entonces? ¿Para ser befa de todos y vivir una vida sin utilidad?...”
Y comenzó a decaer de tristeza. Aquella noche le pareció larga, interminable; y el nuevo día más largo y más penoso que la noche misma. ¡Es una larva tan apretada y triste la vida sin esperanzas!

III

De repente, entre el sonar de matas removidas, alaridos y rizas; aparecieron dos chiquillos, saltando y rondando delante de un lugareño que llevaba al brazo un cesto en el que – ahora uno, ahora otro – iban echando los hongos que recogían.
- ¡Otro, otro! – gritaban con alegría los chicos al encuentro de cada nuevo hongo -. ¡Qué almuerzo nos espera! ¡Tan solo pensar en ello, ya me chupo los dedos!
“¡Alabado sea Dios! – pensó el Honguito en su agonía -; ¡veo que soy un delicioso manjar! ¡Ya me extrañaba ser tan inútil!...”
En aquel momento, el más pequeño de los muchachos lo arrancó...; un manotazo, que le aventó el mayor, le hizo rebotar en tierra.
¡Bota eso! ¿No ves que no sirve para nada?
- No lo boten – murmuró el padre, con mesura – está claro que no es comestible; sin embargo, se trata de un hongo muy especial.
Y lo colocó en un rincón, al fondo del cesto.
Los chiquillos, saltando como cabritos, y el buen hombre, caminando pausadamente; continuaron la travesía adentrándose en el bosque.

...

IV

Habiéndose alejado un buen trecho, alegrías y rizas se volvieron quejidos de dolor y alaridos lastimosos. El menor de los hermanos, acababa de caer en un barranco...; de una herida, abierta en su frente, manaba la sangre que caía entre las piedras. El mayor, agitaba sus manos, vuelto un mar de lágrimas.
En dos saltos, el lugareño estuvo plantado al fondo del barranco y levantando a su hijo ensangrentado extendió la mirada alrededor. No había una fuente... un hilo de agua para limpiar la herida ... y, ¡detener la sangre! ...
De pronto, sacó del fondo del cesto al infortunado Honguito, mechándolo y aplicándolo amorosamente sobre la herida; y, amarrándole el pañuelo en derredor, le dijo al pequeño, procurando dar a su voz una entonación dulce y envalentonadora:
- No tengas miedo, no pasa nada. Mientras digo “Jesús”, el Honguito detendrá la sangre y cerrará la herida. ¿Te das cuenta, que hicimos bien al recogerlo?
Le dio un beso en cada mejilla y el herido sonrió y, en sus ojos, aún llenos de lágrimas, brilló un resplandor de alegría...
¡Pobre Honguito! ¡Qué orgulloso se habría sentido si lo hubiese podido ver! Pero, ¿Cómo podía verlo, si ya estaba muerto?...
¡Es, a este sarcasmo cruel, al que llamamos la Gloria!
¡En fin, bienvenida sea, por tarde que llegue!

*
* *

El Monumento al Sol

I

¡Imaginaros si debía hacer calor en el bosque en pleno mes de agosto y en pleno mediodía! Los pinos sudaban largas lágrimas de reina que, como pastosas ampollas de jarabe, chorreaban lentamente; los robles extendían las ramas con olímpica pereza; los brotes que alfombraban la tierra iban enrojeciendo cual braza.
Entretanto, la Chicharra había agotado su bastísimo repertorio; ¡Cuánto había cantado aquel día! Himnos graves, canciones alegres, odas filosóficas con toques de sentido común; canto llano, tan saturado de solemnidad, que el imperante contorno de hojarasca parecía convertirse en la nave de una iglesia...
Os juro que sudaba valientemente y la verdad es que no había para menos. Se secaba la frente, frotaba un ala con la otra y soplaba con franca satisfacción, cuando reparó en la Langosta que, de un salto, vino a instalarse en una rama próxima a la suya. La Chicharra clavó en ella sus ojotes grises admirando la verde coraza recogida entre las alas y las sierras.
Viendo la Langosta que era objeto de atenta consideración, echó negligentemente hacia atrás sus interminables antenas y exhaló un ¡¡¡ufff!!! que traducía mejor que cualquier diccionario el cansancio que sentía y el calor que le agobiaba. Entonces, la Chicharra le saludó, entró en conversación con ella y se sintió muy honrada de las frases repletas de cortesía que obtuvo de la Langosta.
- ¡Imaginaros si tendré motivos para estar acalorada, cuando no he hecho otra cosa que cantar desde que el primer rayo de Sol doró la primera hoja!
- Perdonad, comadre – contestó la Langosta -; he escuchado vuestros cantos y, palabra de honor, me han parecido maravillosos: que lo diga, sino, aquel Tomillo de allá abajo, de donde ahora vengo y con el cual nos hemos extendido en elogios tan pronto terminasteis de cantar. Pero, aunque en cuestión de música no entiendo absolutamente nada, ni puedo decir otra cosa que “me gusta” o “no me gusta”; nadie me hará creer que vuestro oficio sea más agotador que el mío.
Y, después de extender con parcimonia una y otra sierra, añadió:
- ¡Bailo y salto desde que se hace de día hasta que el Sol se pone!
- ¡Anda, anda! – exclamó la Chicharra con grandes muestras de admiración y respeto - ¡Cómo quien no dice nada! ¡Bailar y saltar! ¡Anda, anda! Sin duda habrá usted recorrido mucho mundo y estudiado mucha letra.
-¡Pse!...
- Y... ¿eso lo hace usted para distraerse o como medicina?
- No: sencillamente para rendir tributo al Sol, mi benefactor; por el amor y el respeto que le debo.
- A igual fin dirijo mi canto – exclamó la Chicharra, redoblando sus simpatías. En honor al Sol improviso cada día los himnos más entusiastas y las más variadas melodías. ¿Tendría usted la amabilidad de mostrarme sus habilidades?
- ¡Me honra en demasía, comadre! – manifestó la Langosta -; haré todo lo posible para complacerle.
- Y, después de restregarse vigorosamente las manos y escupírselas, recogió las sierras y pegó un brinco, yendo a plantarse en otra rama de frente a la Chicharra; pegó un segundo brinco y se plantó dándole la espalda; finalmente, pegando un tercer brinco, abrió completamente las alas y después de trazar en el aire una majestuosa espiral, se dejó caer de golpe sobre el mismo punto de partida.
La Chicharra no lo podía creer; no encontraba palabras para expresar su entusiasmo:
- ¡Muy bien! ¡muy bien! ¡admirable! ¡En mi vida, no había visto tanta gracia ni tanta destreza! ¡Posee usted un tesoro en las piernas, amiga mía!... ¡Lástima, ... semejantes maravillas para ojos tan indignos como los míos!
La Langosta, excusándose modestamente, pidió entonces a la Chicharra que le permitiese admirar su genio musical.
La Chicharra comenzó a carraspear y a probar tonos – aunque, en realidad, no sabía salirse del mismo – y al fin entonó un himno al Sol, cuya letra era esta: “¡Sol grande, Sol fuerte, Sol todopoderoso, caliéntame y broncéame! ¡Caliéntame y broncéame, Sol todopoderoso, Sol fuerte, Sol grande, Sol, Sol, Sol, Sol, Sol, Sol, Sol, Soooooooooooooooooooooooooooooooooooool!”.
Era verdaderamente un canto admirable. La Langosta aplaudía con delirio y proclamó la letra digna del gran procreador de la Naturaleza, así como la melodía digna de tal letra.
- ¡Sol grande, Sol fuerte, Sol, Sol, Sol, Sol! – repetía con empeño- No es todo saltar y girar o quitarse de la mente unas cosas tan, tan... ¡Anda, anda, anda! ¡”Sol, Sol, Sol, Sol”... Anda, anda, anda!
Tanto y tanto elogiaron mutuamente sus grandes aptitudes artísticas, que no podían menos que llegar a esta conclusión, que con inexplicable terror formularon al unísono:
- ¡Y pensar que de tan grandes obras no quedará rastro sobre la tierra!
- Cuando ya no seamos del mundo de los vivos – añadió la Chicharra -, nuestros hijos ignorarán nuestro talento, el mismo Sol lo olvidará quizás... ¡Y esto, es muy doloroso!
Los ojos de ambas amigas se llenaron de lágrimas.
De repente, la Langosta, dirigiéndose a la Chicharra, con una mirada repleta de dulces esperanzas, exclamó:
- En algunos de mis viajes a Egipto he tenido ocasión de admirar los trabajos del hombre – que al fin y al cabo, no deja de tener alguna que otra cosita digna de estudio y hasta de elogiar – Entonces, bien: el hombre ha pensado, lo mismo que nosotras, perpetuar la memoria de su paso por la tierra; y, al efecto, levanta monumentos que se alzan hasta tocar el Sol en su propio trono.
- ¡Magnífico! ¡Sublime! – gritó la Chicharra.
¿Qué habrá sentido la pobre, que ignoraba todo cuanto pasaba más allá del bosque? ¡Qué saltar y bailar de alegría! ¡Qué gritos de entusiasmo!
- ¡Sí, sí, dicho está; levantaremos un monumento al Sol, al Sol grande, al Sol fuerte, al Sol todopoderoso!
Cantando una y bailando la otra, armaron tal alboroto, que todos los escarabajos, escarabajitos y escarabajotes que vivían en el mismo pino salieron de sus escondites para enterarse de lo que sucedía; hasta una Oruga, que se encontraba en la rama superior a punto de convertirse en crisálida (por lo cual sufría de una terrible migraña), envió a un Ciempiés vecino con el recado de que no hicieran tanto ruido; porque le ponían la cabeza como tres cuartillos.

...


II

Pero, como ni la Chicharra ni la Langosta tenían conocimientos para alzar ningún monumento – puesto que, además de cantar y bailar no sabían hacer otra cosa -, decidieron ir a hablar con la Araña, que vivía cinco robles más arriba, a mano izquierda; y le propusieron la dirección y construcción del monumento.
- Dejádmelo a mí – les respondió ésta, con aire de persona entendida -, Si no sale a gusto de todos, renuncio a mis honorarios. ¿Dónde quieren emplazarlo?
- En la cima del roble más alto. Y decimos roble, porque así no habrá que temer que el brutal viento tramontano lo arranque o quiebre como podría suceder con un pino o cualquier otro árbol.
- Perfectamente, está muy bien calculado; y repito que será un monumento como no habrá otro en toda la tierra.
Y, comenzó a trazar el proyecto.
- Tomaremos como punto de partida – digámosle A – el extremo de la rama más alta e iremos a parar al punto B; el extremo de la rama más inmediata. De estos dos puntos y de los más firmes y más apropiados que se nos vayan presentando, dirigiremos hacia un centro común mil y mil radios, empleando, naturalmente, material de la óptima calidad, el mejor que fabrico. Después, reforzaremos todos estos radios entre si y, al mismo tiempo, los decoraremos mediante un sinfín de círculos concéntricos que, partiendo del centro común, irán ensanchándose gradualmente hasta morir en los puntos de partida... Será, en una palabra, la verdadera imagen del Sol; a quien se trata de glorificar.
La Araña, dio su palabra de honor de tener concluida la obra al despertar del día siguiente, aunque para esto fuere preciso no descansar en toda la noche. Las dos artistas extendieron sus alas y desaparecieron afanosas de llevar al bosque un gozo que no les cabía en el cuerpo; mientras, la Araña se deslizaba por un hilo, cazando una mosca al paso.

III

Antes que el Sol del nuevo día apareciera en el horizonte, la Chicharra y la Langosta, rodeadas de todos los habitantes del bosque, estaban ya, boquiabiertos, en estática contemplación frente a la obra maestra; todo el mundo se desbordaba en elogios y confesaba no haber visto jamás cosa tan acabada y perfecta. Hasta los más poderosos – el Escorpión y la Tarántula, entre ellos -, felicitaban a la Araña y se consideraban honrados al estrechar la mano que tal prodigio había realizado; Mosca hubo que no titubeó en acercársele y hacerle una respetuosa reverencia.
Era aquel, en fin, el día más glorioso que se registraba en los anales del bosque y todo el mundo se disponía a celebrar la inauguración del monumento ... cuando un soplo de viento dejó, en un abrir y cerrar de ojos, el famoso monumento convertido en un incoherente manojo de hilachas que colgaban por todos lados.
La carcajada fue general; la multitud se dispersó apretándose la panza. Ya nadie celebraba el mérito de la obra sino la intrepidez del viento que la había destruido. ¡He aquí como, sin pensarlo, se había captado la admiración de todo un pueblo!
Pero, ¿y la Araña?
No se le vio nunca más. Como viera desvanecer tan bello punto y su gloria; desapareció con toda la prisa que le permitieron sus ocho patas que, aquel día, le parecieron pocas.
En cuanto a la Chicharra y a la Langosta, estaban furiosas, considerándose las más infortunadas de todas las criaturas. Una venerable Abeja, más razonable que los escasos espectadores que les rodeaban, intentó aconsejarles con estas sabias palabras:
- ¿Cómo podíais esperar de la Araña una obra duradera, si nunca ha producido alguna que viviera más de un día?
- Entonces, si ella sabía eso que dice Usted ¿por qué no nos lo advirtió? – objetó con ira la cándida Chicharra.
- Porque de todas maneras debía construir su telaraña para procurarse la pitanza.
- Entonces, yo me vengaré – replicó la Langosta – destruyendo con mis sierras todas las telarañas que haga y la obligaré a morir de hambre.
- Nada de eso – objetó la prudente Abeja -; la venganza, lejos de curar los males, no hace sino aumentarlos.
Las desoladas artistas se dejaron convencer y, únicamente, se mostraron inconsolables ante la idea de que ni un solo recuerdo quedaría de sus grandes talentos.
- Si quedará – afirmó sentenciosamente la sabia Abeja -. Quedará la memoria y quedarán las obras y cuidaros mucho de que así no sucediere. Enseñad a vuestros hijos vuestras respectivas artes; enseñadles todo lo que sepáis... y morid tranquilas. Habréis agregado una piedra más a un monumento que, lejos de desaparecer, irá creciendo y perpetuándose con la nueva piedra que cada generación agregará.
*
* *
-
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Apel.les Mestres
(Barcelona, 1854-1936)

Escritor y dibujante catalán.
Discípulo de Lorenzale y Martí Alsina, ilustró con sus dibujos, magníficamente y cultivando diversos géneros, una considerable colección de libros clásicos y modernos, entre los cuales destacan los Episodios nacionales de Pérez Galdós y el libro folclórico Tradicions (1895). Colaboró en esta vertiente en publicaciones como La Campana de Gràcia, El Globo, El Liberal, L’Esquella de la Torratxa, La Publicidad, etc. Alternó esta ocupación con la de escritor y poeta.
En 1875 publicó su primer volumen de versos, Avant!, y con las Fábules obtuvo al año siguiente el premio extraordinario del consistorio de los Juegos Florales. En esta labor poética fue un pre-modernista, y su actitud se situó entre el naturalismo y cierto romanticismo de corte nórdico; presentando nuevos intereses - entre el escepticismo y el realismo -, posteriormente desarrollados en toda su abundante producción.
De su obra en verso destacan Microcosmos (1876), Balades (1889), Cançons íntimes (1889), La garba (1891), Odes serenes (1893), Epigrames (1894), Idil.lis (1899-1900), Pom de cançons (1907), Semprevives (1922) y Darreras balades (1926). Sus poemas de espontaneidad emocional y lenguaje normal, sin arcaísmos, son cantos al pasado, a la juventud y al amor. De sus poemas narrativos, el más representativo es Liliana (1907).
De índole perdurable, es su colección de canciones; recogidas de la tradición popular, todas aptas para musicalizar.
Aunque perteneció a la generación “floralista” - fue proclamado “Maestro en el Arte de la Poesía” (1908) -, se insertó en la corriente modernista formando parte del grupo “L’Avenç” y fue redactor de “Catalunya Artística” (1899-1902), semanario de literatura, artes y teatro.
En la lírica, hay que citar también, su traducción del Intermezzo de Heine (1895) y la antología Poesia xinesa (1925), obra de pionero.
Como prosista cultivó la biografía, el género autobiográfico (Records i fantasies, 1906 e Història viscuda, 1929), el cuento infantil y popular reelaborado (La perera, 1908 y L’espasa, 1917).
Más tardía es su producción dramática (con la colaboración de músicos como E. Morera y E. Granados), que inició en 1901 con el estreno de La Rosons y Picarol, piezas breves afiliadas al modernismo y al cultivo de lo popular. Esta inspiración alcanzó su punto culminante en la versión teatral del poema Liliana (1911) y en La rondalla d’amor (1910). En su teatro poético, caracterizado por la fantasía y la preferencia otorgada a temas marinos, sobresalen Nit de Reis (1905), L’avi (1909), La Rosons (1915), La barca dels afligits (1916) y La barca vella (1927).
Otras piezas importantes son Gaziel (1906), La presentalla (1908), Els sense cor (1909), L’estiuet de Sant Martí y Niu d’àligues (1917).

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Biografía de referencia:
MESTRES, Apel.les – pàgina 2219
SALVAT 4 CATALÀ diccionari enciclopedic
(SALVAT EDITORES S.A., Barcelona, 1968).
Colección
CUATRO GATOS
EN LA BIBLIOTECA DE SANTA LUCÍA ®

Volumen 1:
LA CHICA DEL PATIO AZUL (1903)
Volumen 2:
SELECCIÓN DE CUENTOS
DE APEL.LES MESTRES (1854-1936)

Traducciones de:
© JESÚS MORET Y FERRER, 2001

Hecho el Depósito de Ley.
DEPÓSITO LEGAL: lf04120018002.A (Volumen 1)
lf04120018002.B (Volumen 2)
lf04120018002 (Colección)

ISBN: 980-328-771-0 (Volumen 1)
980-328-772-9 (Volumen 2)
980-328-770-2 (Colección)

Todos los derechos reservados.

Edición del traductor.

Queda prohibida su venta y/o reproducción total o parcial por cualquier medio.

Edición, Redacción, Producción, Fotografía, Impresión y Versión para Internet por:
Jesús Moret y Ferrer, San Diego, Carabobo, Venezuela.

Revisado el 18 de mayo del 2014.

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